Por Jim Hagemann Snabe, Co-Presidente Corporativo del fabricante alemán de software de negocios SAP

Según un estimado reciente de las Naciones Unidas, la población mundial acaba de establecer un hito, ya que superó el
umbral de los 7,000 millones de seres humanos.

Hace apenas un siglo, el número rondaba los 1,000 millones. En una sola centuria, aumentó siete veces, en gran medida
gracias a los avances sin precedentes alcanzados en las áreas de las ciencias y la tecnologí­a. Y aunque aún falta mucho
por hacer, hoy, en promedio, los individuos menos favorecidos del planeta están mejor alimentados y tienen una expectativa
de vida muy superior a la de sus ancestros. No obstante, males globales como la desnutrición, la malaria y el cólera siguen
azotando nuestro planeta con una incidencia muy alta.

¿Qué depara el futuro, qué ocurrirá durante los próximos cien años? Los expertos predicen que el crecimiento demográfico
orbital se acelerará en aquellos paí­ses que hoy presentan los más bajos í­ndices de desarrollo y que, para completar, suelen
ser los que están peor gobernados.

Si el mundo como un todo lograra elevar la calidad de vida (mejorar aspectos esenciales como salud, educación y seguridad
humana) y la gobernabilidad de esos paí­ses, podrí­a acceder a una gigantesca fuente de potencial humano. El liderazgo de
una empresa de tal magnitud deberí­a ser asumido por las naciones desarrolladas y por los lí­deres del sector tecnológico,
que cuentan con la experiencia suficiente para saber cómo alcanzar los objetivos inherentes. Por el contrario, si los lí­deres
flaquean en sus esfuerzos por responder a este desafí­o, tendrí­an que afrontar un enorme cúmulo de consecuencias
negativas. Si no somos capaces de ofrecer oportunidades apropiadas de educación y empleo a los jóvenes de las naciones
emergentes, muchas de las cuales presentan altí­simos niveles de volatilidad, deberemos resignarnos a presenciar el
advenimiento de descarnadas oleadas de violencia, promovidas por un alto grado de frustración.

En la era de Google y Facebook, prevalecerán la transparencia y los conocimientos compartidos por las multitudes. De
hecho, tal vez sean éstos los únicos medios con la capacidad para perfeccionar continuamente un planeta habitado por más
de 7,000 millones de personas.

Aparecen nuevas dudas de cara al futuro. ¿Cómo se administrarán los recursos finitos? ¿Cómo podrán los ciudadanos
asegurarse de que sus representantes electos respondan a la confianza depositada en ellos?

Las nuevas tecnologí­as ponen un volumen cada vez mayor de información al alcance de las personas comunes. No está
lejos el dí­a en que los ciudadanos que deseen obtener información por iniciativa propia podrán saber, de manera ágil y
sencilla, si sus gobernantes están resolviendo los asuntos de gravedad de los que habí­an prometido ocuparse.

Veamos, a manera de ejemplo, el caso de Ushahidi, una plataforma virtual desarrollada en los últimos años que permite
a los individuos con dispositivos móviles presentar información en tiempo real sobre eventos de interés público que se
presentan en el momento de la transmisión. En Kenia, donde fue creada, se usa como medio para presentar reportes en
vivo sobre la violencia que agobia al paí­s africano en la época de elecciones. También fue implantada, de forma similar,
en lugares tan distantes de su origen como Brasil y Kirguistán y se la empleó en labores de seguimiento de actividades de
recuperación tras los terremotos sufridos por Haití­, Chile y Japón.

En fechas más recientes, una aplicación móvil desarrollada por Recovery.gov, un sitio virtual que rastrea el gasto del
gobierno estadounidense bajo la Ley de Recuperación y Reinversión de 2009, simplifica considerablemente las labores
de cualquier persona que desee enterarse en detalle de cómo se invierte cada dólar aportado por los contribuyentes
norteamericanos.

Noticias como las anteriores son gratamente bienvenidas por las personas interesadas en promover niveles de
transparencia y responsabilidad más altos en los diversos entes gubernamentales de todo el mundo. Algo que deberí­a ser
de considerable interés para prácticamente toda la ciudadaní­a. En los paí­ses menos desarrollados, la corrupción rampante
y la falta de transparencia gubernamental suelen ser los principales obstáculos que se anteponen a las actividades de
negocios y las mejoras de vida que requiere la población.

En conclusión: los nuevos métodos, al facilitar el acceso y el análisis de datos, se traducirán en nuevos empleos y en
mayores tasas de crecimiento.

Con esto en mente, SAP unió fuerzas con el Fondo de Población de las Naciones Unidades (UNPA, por sus siglas en inglés)
para elaborar un diagrama esquemático para el análisis de la información disponible. Mediante su uso, cualquier persona
podrá acceder a la información pertinente a un paí­s. Si se tratara de Paquistán, el interesado podrí­a enterarse de que sólo
el 21% de los 42 millones de infantes que viven allí­ está matriculado en escuelas de secundaria. Esto significa que apenas
uno de cada cinco niños tiene acceso a ese nivel de educación. De ese porcentaje, sólo el 43% corresponde a estudiantes
del sexo femenino. En consecuencia, si el usuario es un joven parlamentario paquistaní­, un experto en polí­ticas educativas o
simplemente una persona que, como usted, desea que los representantes asuman las responsabilidades adquiridas ante el
electorado, podrá contar con una poderosa herramienta de información que le permitirá propender por una mejor educación
para la generación que está creciendo, especialmente la de estudiantes del género femenino.

Hasta hace poco, un análisis de esta envergadura habrí­a tomado meses, pues habrí­a demandado la recopilación de datos
provenientes de cientos de miles de hojas de cálculo aportadas por una amplia multiplicidad de escuelas, departamentos
y agencias gubernamentales. Además, habrí­a sido complejo y oneroso. Hoy, gracias al mencionado desarrollo de SAP,
cualquiera puede acceder a los datos que ofrecen múltiples agencias de las Naciones Unidas y analizar la información
disponible. Los datos y, más importante aún, la herramienta apropiada para analizar la información disponible, están en
manos de las personas, no sólo de Paquistán, sino de todos los paí­ses rincones del planeta.

La aseveración de que las últimas tecnologí­as cuentan con la capacidad para resolver problemas de esta í­ndole y
envergadura puede sonar hiperbólica. Una considerable porción de lo que se requiere para superar desafí­os de gran
alcance como la seguridad alimenticia y la inequidad en la salud, demanda un enorme esfuerzo y unas sustanciales
inversiones de capital.

Sin embargo, las nuevas tecnologí­as pueden garantizar que los fondos disponibles y el sudor de los individuos dedicados
a superar estos desafí­os no se perderán en el vací­o. Las manecillas del reloj avanzan y nos corresponde demostrar el
liderazgo, establecer las asociaciones y realizar las inversiones necesarias para responder a este desafí­o, en nombre y
beneficio de los próximos 7,000 millones de seres humanos que habitarán mañana nuestro planeta.

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