«El amor naci

"El amor naci? hace millones de años de la fusi?n de bacterias"

Eduardo Punset (Foto: Bego?a Rivas)

Eduardo Punset (Foto: Begoña Rivas)

Actualizado viernes 31/08/2007 12:29 (CET)
ROSA M. TRIST?N
MADRID.- El amor es el sentimiento m?s antiguo del mundo. "Tiene 3.000 millones de años y surgi? en el momento en el que una bacteria se pregunt? si hab?a alguien m?s ah? porque no pod?a sobrevivir sola". El escritor Eduardo Punset, director del programa cient?fico Redes en TVE, se sumerge en su ?ltimo libro (Viaje al amor, de la editorial Destino) en la b?squeda de respuestas cient?ficas para una emoci?n que tantas ilusiones y trastornos provoca al ser humano. Y da con la f?rmula m?gica: A=(a+i+x)k, o lo que es lo mismo: el amor es la suma del apego personal, la inversi?n parental o familiar y la sexualidad, y todo ello afectado por el entorno.

En definitiva, encuentra un origen biol?gico en este sentimiento, entendido como una fusi?n de cuerpos "que genera la energ?a necesaria para vivir o que recupera tejidos dañados". Ahora bien, si el amor es previo a la diferenciaci?n sexual ¿c?mo y por qu? surgieron los dos sexos?

En t?rminos evolutivos esa diferencia apareci? hace 700 millones de años para garantizar la diversidad gen?tica y as? poder adaptarse m?s f?cilmente a un entorno cambiante. El precio fue elevad?simo. En la reproducci?n por subdivisi?n celular, la vida es eterna, pero cuando de dos cuerpos sale otro joven irrepetible y distinto, aparece la muerte".

Hoy, esa diferenciaci?n por g?neros es evidente en nuestro cerebro; por ejemplo, en que el espacio neuronal que un hombre tiene dedicado al sexo es 2,5 veces mayor que en una mujer; o en que para que ella tenga un orgasmo su cabeza debe estar libre de preocupaciones, algo no tan importante en ellos.

"Ahora, bien", insiste Punset, "la esencia del amor, la fusi?n, no cambi? con estos matices, sigue igual que hace 3.000 millones de años". Eso no quiere decir que la pasi?n entre amebas y entre seres humanos sea id?ntica y en eso, recuerda el autor, tiene mucho que ver la aparici?n de la conciencia y la imaginaci?n. "Es esa conciencia la que nos permite interferir y decidir no tener hijos aunque amemos. Y a?n as? lo importante es el instinto de fusi?n, la inversi?n material y espiritual para que perviva (es decir, los compromisos de la pareja) y la negociaci?n de la libertad de cada uno".

En la elecci?n de la pareja el aspecto, la simetr?a de las facciones, reflejo del metabolismo y los genes, es importante. Son signos de salud que ya nuestros antepasados seleccionaban para tener una buena prole. De igual modo, la monogamia apareci? por el inter?s de ambos padres en que las cr?as salieran adelante. "Evolutivamente tiene explicaci?n. La indefensi?n de los hijos se alargaba de cinco a siete años y ese era el tiempo que deb?a durar el amor para que pudieran sobrevivir. Adem?s, hay m?s posibilidades de fecundar un ?vulo en una relaci?n larga que si se disemina el esperma por el planeta", mantiene el escritor.

"En nuestros tiempos, esa dedicaci?n parental es mucho m?s larga, hay m?s compromisos y los ciclos del amor se alargan. Tambi?n entran en juego otros factores al margen de la salud y tendemos a enamorarnos de personas cercanas, con valores comunes y con sentido del humor. Luego, con el paso del tiempo, a nivel biol?gico no ocurren grandes cambios. Si acaso son mayores en la mujer debido a las hormonas", añade Punset.

Y es que esas sustancias tienen un papel importante en el amor: se genera m?s oxitocina, var?an los niveles de testosterona en hombres y mujeres, se dispara la dopamina y la serotonina baja ante la ansiedad de ver al ser amado. Este proceso es igual ya se trate de un amor fraguado en el tiempo o de un flechazo. "Es amor qu?mico y hay experimentos con animales que muestran que ah? act?an las feromonas. En los hom?nidos el ?rgano que las detecta desapareci?, pero a?n hay feromonas en las mujeres. El flechazo se inicia tambi?n cuando se visualiza algo que es in?dito en la memoria".

Y es que Punset insiste en que la felicidad aumenta con la edad porque tenemos m?s recuerdos y ?stos se comparan con cada est?mulo exterior, generando esa sensaci?n de felicidad. De hecho, asegura en su libro que "sin memoria no hay amor". No hay con qu? compararlo.

Pero ¿acaso hay diferencia entre el amor y el enamoramiento? "A nivel biol?gico no. Es igual el amor a la madre y a la pareja. Se mueven los mismos circuitos neuronales y hormonales. Tambi?n es dif?cil diferenciar amor y deseo, aunque hay gente que s? lo hace". Punset considera una gran novedad el descubrimiento del mecanismo del desamor, que surge cuando el sentimiento no ha podido resistir la ausencia del otro: "Se ha comprobado que el desamparo del beb? en la cuna es id?ntico al del enamorado abandonado. Y tienen las mismas armas: ninguna. El neur?logo Damasio dice que lo mejor es volver a enamorarse. Pero no es f?cil. Si en la niñez uno sufri? desapego afectivo, si su curiosidad y autoestima fue escasa en la escuela, ello condicionar? su b?squeda del amor al ser adulto".

Esa capacidad de amar individual se est? evaluando ahora con cuestionarios como el que Punset incluye en su libro. "Con estas encuestas hemos visto, por ejemplo, que la ant?tesis del amor es el deprecio", señala. ¿Y de qu? depende? "Lo ?nico que sabemos es que hay un gen de la depresi?n, que puede manifestarse o no en funci?n del entorno. Eso se puede aplicar a la capacidad de amar. Puede haber un factor gen?tico que se manifieste o no seg?n el entorno", argumenta Punset.

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