La masificación de las Tecnologí­as de la Información y las comunicaciones, en especial el Internet que ha propiciado un fenómeno social nunca antes visto que influye diariamente en los ámbitos polí­tico, económico y social de los paí­ses, ha hecho que la infraestructura informática se convierta en un elemento importante a considerar para la seguridad de un paí­s.

El ciberespacio ya es considerado por los gobiernos como parte del tejido de nuestras sociedades y en el mundo civil se le ha denominado la «cuarta utilidad», junto con las telecomunicaciones, electricidad y agua. Dentro del ámbito militar ya es considerado un activo estratégico para ser protegido como el espacio aéreo, marí­timo, terrestre y espacial.

Si bien esta herramienta tecnológica ha traí­do cosas muy positivas como el acceso generalizado a la información; también en los últimos años ha tomado relevancia a nivel mundial al ser utilizada con fines delictivos y esto supone una amenaza creciente, no sólo para el sector privado sino también para el sector público que cada vez está siendo más atacado ví­a el ciberespacio y ha evolucionado tanto que se puede comenzar a hablar de ciberterrorismo.

Pero ¿qué es el ciberterrorismo?

Es el uso de la inteligencia informática y el Internet con la finalidad de divulgar información sensible, con lucro, intervención y daño, tanto a las estructuras gubernamentales como para causar caos entre la sociedad civil, que al final del dí­a pueden vulnerar la seguridad de un paí­s.

Así­ es como han surgido asociaciones como Anonymous, LulzSec, Wikileaks y Shady RAT que su finalidad es difundir información confidencial tanto de empresas como gobiernos que consideran deberí­a ser conocida por la sociedad. Sin embargo, también existen organizaciones delictivas y grupos terroristas que comienzan a emplear este tipo de ataques con el fin de desestabilizar a algún enemigo polí­tico o económico a través de la diseminación de virus informáticos, dejar fuera de funcionamiento sistemas crí­ticos como plantas energéticas, aeropuertos, etc., o deshabilitar la red de telecomunicaciones, entre muchas otras más.

En la actualidad, nos estamos convirtiendo en una sociedad dependiente de los servicios entregados ví­a web, todo se puede hacer por este medio y cada vez más los gobiernos municipales y estatales se encuentran adoptando este para entregar y mejorar los servicios públicos. Por lo tanto el costo de sufrir una vulneración de esta naturaleza es muy alto; analistas lo estiman en más de $1 billón de dólares al año a nivel global e incluye las pérdidas monetarias por el hecho en sí­, al igual que el tiempo y recursos para responder a dicho evento.

Entonces, lo que constituí­a la infraestructura crí­tica de un paí­s como las redes de transporte, caminos, aeropuertos, sistemas energéticos, red telefónica, sistema de salud, etc., en la nueva era digital se ha ampliado, pasando de ser algo meramente fí­sico a combinarse con el espacio virtual; el que también debe ser protegido.

Bajo esta premisa, proteger esta nueva dependencia a los sistemas informáticos es lo que llamamos ciberseguridad (cybersecurity, en inglés); concepto que va más allá del aseguramiento de los sistemas de TI al interior del centro de datos y de la organización, sino que se extiende a redes digitales más amplias de las que depende el sistema, incluido el ciberespacio e infraestructuras crí­ticas.

Pese a que los mayores ataques cibernéticos enfocados al sector público, se han presentado en su mayorí­a en paí­ses con infraestructuras informáticas más desarrolladas, México no se encuentra exento de este tema; como muestra, el pasado mes de mayo la Sedena declaró a un medio impreso que tan sólo entre el 2008 y 2011 se registraron poco más de 114 millones de intrusiones, cuando previo a ese periodo no se habí­a registrado ningún ataque de este tipo.

Abordando la seguridad cibernética

Todo lo anterior pone de manifiesto la importancia de incorporar a la estrategia de seguridad nacional un plan de acción para evitar y mitigar los ataques cibernéticos. En este sentido muchos gobiernos han reconocido la probabilidad e impacto de estos ataques potenciales, elevando la seguridad cibernética como nivel de prioridad en sus estrategias ya que no se puede permanecer reactivo frente a esta nueva amenaza.

Dado que la seguridad cibernética y la seguridad en general ahora se encuentran í­ntimamente relacionadas, es imperativo contar con una estrategia integrada para cubrir ambos ángulos. La estrategia de prevención, detección y reacción debe tener un enfoque más holí­stico y basado en el concepto de panorama de operación común y conocimiento de todos los frentes, cibernéticos y no cibernéticos.

Con las recientes revelaciones de información confidencial de diversos paí­ses y hackeos en importantes empresas del sector privado, las organizaciones deben revisar sus planes de continuidad, a manera de defensa frente a ataques cibernéticos. Tanto organismos públicos como privados deben buscar caminos alternativos de comunicación para las operaciones crí­ticas del negocio, en caso de una interrupción de Internet como puede ser el re-enrutamiento automático de voz sobre IP a POTS tradicionales (telefoní­a básica), celular o satélite.

Entonces, la visión sobre la seguridad deberí­a estar basada en lo que llamamos defensa en profundidad, en la que cada capa de seguridad, fí­sica o lógica, ayuda a sostener la seguridad global en una organización, ya sea pública o privada. Este enfoque integral abarca los dominios lógicos de usuarios, datos, aplicaciones, infraestructura y activos; así­ como funciones horizontales como son el gobierno, riesgo y cumplimiento, conocimiento de las amenazas y las operaciones de seguridad actuales y futuras.

Ciber cadena de suministro de valor

En esta cadena convergen elementos fí­sicos y lógicos, ya que incluye a todas las personas, procesos y tecnologí­a involucrados en la consecución del negocio en el ciberespacio. La ciber cadena de valor representa un tema particularmente importante para el gobierno y algunas otras industrias, como la de servicios financieros, donde cualquier actividad que comprometa el software o hardware en sus cadenas de suministro puede potencialmente conducir al robo de información confidencial, delitos financieros e incluso el terrorismo cibernético.

Muchos de los problemas recientes que vemos en las noticias tienen que ver con dispositivos y software apócrifos; para solucionar este problema, los organismos y empresas necesitan construir relaciones de confianza con sus proveedores en todos los niveles de la cadena de suministro, a la vez que adopten las mejores prácticas en sus sistemas y procesos.

Definir si se es blanco de un ataque cibernético es más complejo que en otro tipo de conflictos, no se sabe si se está reaccionando a un Estado-nación, una organización terrorista, delincuencia organizada o simplemente a un hacker adolescente. En el ciberespacio no existe la certeza sólo la probabilidad, y si se espera a que ésta sea muy alta, se está comprometiendo a la organización con represalias que pueden causar efectos secundarios imprevistos.

Una adecuada postura cibernética en todos los aspectos es vital para el crecimiento futuro, innovación y ventaja competitiva. No existe la fórmula para lograr el éxito en este nuevo panorama, pero trabajando en conjunto gobiernos y sector privado, se podrán promover las medidas de seguridad necesarias respecto a los sistemas de misión crí­tica, procesos y aplicaciones conectadas al ciberespacio y serán capaces de trabajar por un futuro entorno abierto, seguro y próspero.

La seguridad cibernética es mucho más que otro nombre para seguridad en TI; recuerde que la información es la moneda del mundo en lí­nea y hay que protegerla.

*Por Francisco Farrera
Director de Consultorí­a e Integración de Soluciones
Especialista en Seguridad
Unisys México
(foto)

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