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Por David Agmon Mizrahi, CEO de Inverspot

Martes 20 de septiembre de 2016 — Siempre han existido las sociedades; desde la antigüedad, las personas se han unido para beneficiarse. En la actualidad, podemos trasladar esto a ejemplos como el transporte colectivo, el famoso “aventón” e inclusive las tandas, y un paso más allá, las empresas y comercios que no sería posible lograr individualmente.

En los últimos años, hemos visto crecer una nueva tendencia, marcada por la evolución de las economías compartidas. Se trata del crowdfunding o fondeo colectivo, que consiste en:

“Un modelo de formación de capital y participación de mercado, en donde las necesidades de financiamiento de proyectos se comunican a una comunidad a través de una plataforma digital y se obtiene apoyo de inversionistas, fondeaderos y donantes”, según lo indica la iniciativa Crowdfunding México.

Las cifras del crowdfunding son muy alentadoras: el mercado global recaudó 145 mil millones de dólares en 2015, de acuerdo con datos del Banco de México. Por esto, hace unos días, la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) presentó una propuesta de ley para regular el financiamiento colectivo y, así, promover un cambio de actitud hacia este sistema.

Un claro ejemplo es la Ciudad de México, primera urbe latinoamericana en regular servicios privados de transporte como Uber y Cabify. Esto sentó un precedente en las economías colaborativas de nuestro país, asegurando un buen servicio a los ciudadanos y legalidad para que las empresas del sector operen de manera regular.

Con más de 256 millones de pesos recaudados en México, de acuerdo con datos de la CNVB, estoy seguro que la gente está interesada en el crowdfunding, pues éste es un motor de desarrollo económico que reafirma el dicho “la unión hace la fuerza”. Desde mi experiencia, gracias a él hemos logrado objetivos que no serían alcanzables si no existiera un vínculo entre las personas.

Los actores involucrados en el fondeo colectivo debemos unirnos pero, sobre todo, el cambio de actitud debe provenir de los ciudadanos, pues ellos son la piedra angular en la construcción de una verdadera inclusión financiera. Tiene que haber un piso sólido, una regulación que dé seguridad a los inversores que confían y apuestan por nuestros proyectos.

Me queda claro que tenemos una oportunidad única si logramos impulsar el fondeo colectivo. La igualdad de condiciones ayudará, sin duda alguna, al ecosistema innovador de nuestro país y será una alternativa frente a la situación social que vivimos.

Dentro de este panorama, las medidas de seguridad on y offline son clave para vigilar la industria; por un lado, la CNVB tendrá que adaptarse a la rápida y constante evolución de las plataformas y, por otro, quienes participamos en este modelo debemos garantizar una transparencia total, para impedir la evasión fiscal y dar un buen manejo a los recursos.

También debemos demostrar que estamos haciendo las cosas bien y que, en función de esta confianza, la gente decida invertir con nosotros. Analizar los beneficios y riesgos de cada proyecto será la tarea de los ciudadanos, pues es importante conocer al equipo de trabajo que está detrás de las plataformas para asegurar en qué destinan su dinero.

Ésta es, definitivamente, la era del crowdfunding. Vivimos una etapa de grandes cambios sociales, económicos y culturales a través del desarrollo tecnológico y, en este aspecto, el fondeo colectivo es el puente que une a las personas para lograr objetivos individuales y colectivos.