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Por Cybermum Australia, 2016

Como padres, constantemente nos enfrentamos a muchos dilemas: definir si nuestros hijos están “listos” para convivir con otros de dudosa reputación, si damos amablemente la bienvenida a invitados (¡y a sus hermanos!) que no confirmaron su asistencia a una fiesta de cumpleaños o si es necesario que ignoremos el cuarto desordenado de nuestros hijos en aras de conservar nuestra salud mental.

Pero ¿atendemos lo verdaderamente importante? ¿qué hacemos con el dilema de las contraseñas de los dispositivos de nuestros hijos? ¿es conveniente insistir en conocer sus claves o es una invasión a su privacidad?

Esta es sin duda una pregunta difícil – definitivamente a la altura de la situación planteada sobre las convivencias de nuestros hijos- ya que si usted intenta consultar este cuestionamiento con los expertos en educación, descubrirá que casi todos ellos tienen opiniones y puntos de vista contrapuestos. Muchos creen que la seguridad debe ser el elemento que mayor consideración tenga, por lo que conocer las contraseñas de sus hijos debe ser algo no negociable, mientras que otros piensan que nuestro papel como padres es enfocarnos en la enseñanza de la independencia para ayudar a nuestros niños a ser autónomos.

Pero, ¿qué están haciendo otros padres en esta situación? ¿qué hacemos por ejemplo los papás australianos? Una investigación dada a conocer recientemente por Intel Security muestra que el 59% de estos padres conocen las contraseñas de acceso a dispositivos y aplicaciones de sus hijos. No obstante, no es de sorprender que esta estadística aumenta hasta el 74% cuando se habla de los padres de niños de entre 8 y 12 años de edad disminuyendo posteriormente a un 42% cuando se considera a los padres de adolescentes de 13 a 16 años de edad. Esto muestra que la mayoría de nosotros, padres australianos, insistimos en estar involucrados.

Sin embargo, antes de compartir mis pensamientos, creo que es importante tomar un momento para una oportuna “declaración de crianza”. Como padres, conocemos mejor a nuestros hijos que cualquier experto, por lo tanto, para saber cuándo se debe trazar una línea y cuándo es momento de establecer límites, es mejor guiarnos por nuestra propia intuición. El instinto de padres es una herramienta poderosa, por lo que sugiero no ignorarlo en este asunto.

En mi familia, he decidido adoptar una posición hacia las contraseñas enfocada en un estilo que involucre a un mentor y el empoderamiento de mis hijos, ya que éstos ya no son tan pequeños pues tienen entre 13 y 19 años de edad, nos encontramos en la fase de transición. Por supuesto estoy “familiarizada” con las contraseñas de mis hijos más jóvenes; sin embargo, en el caso de los mayores (17 y 19), éstos son totalmente autónomos y no tengo absolutamente ninguna idea de sus contraseñas.

Así que, en caso de que desee otra perspectiva, aquí presento un resumen de cómo recomendaría tratar este dilema:
1. Hasta alrededor de los 10 años de edad, recomiendo encarecidamente que conozca las contraseñas de sus hijos.

2. A partir de entre los 10 y los 14 años de edad, sugiero que insista en conocer las contraseñas o que pida a sus hijos que las coloquen en un sobre sellado en un lugar designado. Si se presenta algún problema online, podrá acceder a ellas sin problema.

3. De los 14 años de edad en adelante, personalmente trataría el tema según el caso. Si su hijo es del tipo que disfruta “desafiar los límites”, entonces usted puede optar por adoptar la posición del sobre; sin embargo, este es un excelente momento de transición en los adolescentes para establecer una posición de auto-control.

4. De los 16 a los 17 años de edad y en adelante, me gustaría pensar que nuestros hijos serán capaces de manejar ellos mismos el asunto de la contraseña.

No obstante, para que esta posición de empoderamiento funcione, es fundamental que sus hijos posean una sólida y amplia “colección” de ciber-habilidades. Y lo que es más importante, que se sientan totalmente cómodos para acudir a usted con cualquiera de los problemas que puedan encontrar online.
Así que mantenga las ciber-conversaciones fluyendo y prepare a sus hijos con suficiente ciber-conocimiento para que ellos puedan tomar buenas decisiones digitales. Y no se preocupe demasiado por la habitación desordenada, que ese es un dilema ¡por el que ya no vale la pena preocuparse!.